Comienzos y reflexiones | Bizcocho de Avena y Zanahoria.

Que vivan los días felices, esos días en los que parece que todo el mundo sonríe y te das cuenta de todo el tiempo que tienes por delante para disfrutar de la vida, de los momentos presentes, quizá algunos del pasado y al final no puedes evitar pensar en algunos de futuro.

El jueves me levanté de la cama con una sonrisa inmensa en la cara, después de casi dos meses y medio volvía a pisar la escuela, para empezar otro curso lleno de ilusiones, ganas de aprender y optimismo. Eso que no falte.

Mi cara de dormida lo dice todo...
Segundo día. Dolorida y dormida, pero muy feliz.

Es curioso como aún pasando los años, esa misma sensación del primer día de colegio regresa cuando comienzas algo importante en tu vida. Un trabajo, un reto, un viaje, una cita, y como en mi caso, un curso. Supongo que eso que sentimos y que nos revuelve el estómago muchas veces y hace que se nos cierre es la anticipación a algo que deseamos y sabemos que ocurrirá en un futuro muy cercano.

Podría hablaros de las mil sensaciones que sentí ayer, de los primeros días o por que no, de las primeras impresiones. Pero quizá más a delante.

Se que esperabais leer esto el jueves por la tarde, pero a veces las cosas no salen como están previstas y en mi caso, estos dos días no han sido para nada como los tenía planeados, con lo cual mi agenda ha dado vueltas de todo tipo, que le vamos a hacer.

Aún así escribo contenta, desde mi sofá, con mi manta de invierno encima (ya fuera por supuesto) y One Republic de fondo. No esta mal para un sábado por la tarde, de hecho, me podría pasar así casi todos.

Cada vez estoy más convencida de que el otoño es mi estación favorita. No solo por el hecho de que esos meses me dan estabilidad, si no por el olor de las calles, la ropa, los colores, el tiempo (nunca sabrás que ponerte pero siempre acabarás encontrando algo que nunca imaginaste que te pondrías) y por supuesto, la comida.

De hecho a eso he dedicado gran parte del post de hoy. Esta claro que en cuanto llega Octubre los olores y sabores que más apetecen son todos los que tengan que ver con la canela, miel, calabaza, jengibre, frutos secos, zanahoria, y por que no, el chocolate blanco (este último creo que es bastante personal) cuestión de gustos. Pero si nos fijamos (y yo me fijo más de lo que me gustaría) en muchas cafeterías hay algún que otro dulce con estos sabores preparado para que te enamores de el completamente y al final caigas de bruces en el pequeño antojo del día

Así que, después de dar mil vueltas por no se cuantos blogs y páginas de recetas más o menos “sanas” encontré la perfecta, aunque confieso que la tuve que modificar para que fuese lo más natural posible y no tuviese tantas grasas o calorías.

Al menos así me lo parece a mi, siempre os lo digo.

¿Que salió de todo esto? La mejor receta de Bizcocho de Avena y Zanahoria que he probado en mucho tiempo (echa por mi, por supuesto). Si hablamos de otras tartas o bizcochos seguro que los hay mil veces mejores pero en versión “healthy” me quedo con esta, sin ninguna duda.

BIZCOCHO DE AVENA Y ZANAHORIA (6 RACIONES).

(Receta modificada de Carme y Marta “Galeteria”)

  • 100 g de zanahoria (rayada)
  • 100 g de nueces (picadas)
  • 100 g de harina de avena
  • 75 g de azúcar moreno
  • 5 g de levadura royal (una cucharita)
  • 2 huevos
  • 10 g de canela (un par de cucharitas)
  • Una pizca de sal

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En un bol grande, mezclamos los huevos con el azúcar hasta tener conseguir un resultado homogéneo.

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Añadimos tamizando a esa misma mezcla el harina con la levadura, canela y la sal.

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Una vez este todo bien mezclado y sin grumos ( a poder ser) echamos la zanahoria previamente rayada y las nueces ya picadas.

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Yo tuve que hacer harina de avena “casera” entonces si que me quedaron bastantes grumos, pero con la normal deberían desaparecer al removerlo bien.

Una vez este lista, engrasamos el molde que vayamos a utilizar con mantequilla y harina (también podéis usar el spray desmoldante), expandimos la mezcla y horneamos a 180º – 30 minutos.

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Podéis decorarlo antes de meterlo al horno con nueces, avena, o ambas cosas.

Una vez haya pasado la media hora (más o menos), siempre depende del horno, lo sacamos y dejamos enfriar en una rejilla.

Cuando esté frío solo nos queda desmoldarlo y decorarlo al gusto.

Bien sea con azúcar glass, glaseado, chocolate, crema de queso, o lo que se os ocurra. Yo lo deje tal cual, por que no tarde en comérmelo una vez frío, para que mentir.

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Es verdad cuando digo que esta buenísimo y que os tendríais que dar la oportunidad de hacerlo. Si os pasa como a mi, que cocino para seis pero no me lo como todo (obviamente y menos mal), una vez frío, aún cuando esta recién hecho, lo corto en trocitos y congelo la mayoría, para cuando se me antoje otra vez  no tener que volver a cocinar tanta cantidad y acabar tirando la mitad (más de una vez me ha pasado). Ahora si que si, no tenéis ninguna excusa…

Me encanta cocinar recetas como estas primero por los olores que dejan al hornearlas (son increíbles) y segundo por que son opciones sanas y diferentes a lo normal.

Y bueno, respecto a lo que os contaba antes, y ya de paso hablando de la normalidad, deciros que este año me he propuesto abrir muchas puertas (siempre que me beneficien), probar cosas nuevas, abrirme a ideas diferentes y compartir momentos de todo tipo. Creo que cuando estás dispuesto a que tu vida tenga movimiento, al final tu mismo te mueves con ella y eso te hace sentirte vivo.

Siempre es una opinión, soy de las que piensa que en la variedad están las cosas especiales.

Y en cuanto a las clases, deciros que estoy feliz de la vida. Este año la programación es increíble y hay asignaturas que nunca había echo antes, como el claqué, flamenco, o danza aérea que me están encantado. Es cierto que son muchos estilos, pero merece la pena, creedme.

De todos modos, cuando haces lo que te gusta y le dedicas todo tu tiempo (o la gran parte) siempre sales con una sonrisa en la cara. Cada día aprendes algo nuevo, cada experiencia es una especie de suma y sigue, y obviamente la recompensa por tanto trabajo es lo mejor que existe.

Disfrutad del fin de semana.

Muchos besos,

Esther.

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